UNA UNIVERSIDAD QUE SE SIENTE PATAGONICA

Este título desafiante responde un poco al tranquilizante convencimiento que se llega después que en estos meses pasados, estudiantes de la Universidad Católica Argentina junto con sus profesores  volvieron a visitar el norte de Santa Cruz, a realizar otra vez tareas académicas mezcladas con trabajos solidarios. Trabajos siempre diferentes y creativos al mismo tiempo.

Escuchando el pensamiento de  los estudiantes se tiene la impresión de que uno está parado frente a personas normales, en algunos casos talentosas, pero nada especial, pero al rato en sus conversaciones y en sus convicciones se encuentran puntos comunes, como si fuera un patrón propio de la Universidad. Consiste tal vez en un fuego interior, una pasión especial por el país y por el sur, como si la Patagonia fuera una tierra a revalorizar, una tierra a misionar, pero no como una misión católica tradicional, sino como un lugar muy argentino donde poner y ofrecer lo poco o mucho que tiene cada uno de sus profesores y alumnos.

 

Van a ser ya veinte años que deambulan por la región, por las cinco provincias patagónicas, no llevan partidismos, no porque no lo tengan sino porque no lo mezclan, casi como su religión, simplemente son.

 

Algunas veces los ves dando un curso de liderazgo recorriendo la provincia de Neuquén, luego pueden estar charlando en la intimidad con algún gobernador sobre problemáticas de la Provincia y en esa misma semana pueden estar encuestando en Perito Moreno, en la provincia de Santa Cruz, o en Lago Puelo, en Chubut.

 

Han publicado libros, a través de la Editorial Piedra Buena, con la pasión de los primeros viajeros. Escriben y al rato están pintando en Jaramillo un Vagón Histórico del año 1898. Siempre están con un pensamiento adelante, una idea, un proyecto para llevar a buen puerto. No son histriónicos, cultivan el bajo perfil, aunque su coordinador,  Alex H. Vallega no para de hablar, tienen un desorden ordenado, han demostrado tener capacidad de organización formidable pese a que sus integrantes son casi todos jóvenes y la mayoría de las veces no conocen muy bien el terreno, pero aprenden.

 

Hace pocas semanas atrás habían mandado un “ejército” de 24 jóvenes encuestadores a 7 lugares entre Chubut y Santa Cruz, y al mismo tiempo habían reunido a más de 20 universitarios norteamericanos para seguir la restauración de Cabo Blanco dirigidos por universitarios argentinos. Una rara combinación de roles y como si fuera poco,  aprovecharon el envión y el viaje e hicieron estudios para el manejo de un plan turístico en la zona.

 

Eso sí, casi siempre se los ve interactuando con los vecinos patagónicos como queriendo aprender por un lado y dar por el otro.

 

Como se dijo no son partidarios pero sí militantes de causas o de objetivos concretos, no disimulan su militancia con el ferrocarril, con Malvinas, con el poblamiento de los campos patagónicos, con el desarrollo integral de la región, con el medio ambiente, con la formación de la dirigencia local. Llevan consigo una frase simple que se podría resumir en las siguientes palabras: “el país se mejora con una mejor política, pero para una mejor política hacen falta mejores personas”.

 

Tal vez sea esta la diferencia que se ha visto en la región con otras universidades, esta mirada más política, enfocada en el hombre mismo y su contexto. No me han parecidos mejores, ni tampoco especialmente talentosos, por supuesto que también hay excepciones como el Dr. Héctor Fasoli, o Gerardo Sanchis Muñoz, Emilio Camporini o Florencia de Lorenzo.

 

Su fortaleza reside en el estar, casi siempre que se los interpela o se los convoca, ellos dicen que sí, no se niegan, ni siquiera cuando la distancia y los recursos no están de su lado.

 

Este es el otro costado del trabajo que hacen, no son pobres pero sí son sobrios en cada una de las actividades que hacen, hasta en el alojamiento o en los traslados, tiene una rara regla interna, “ninguno de los integrantes que vaya a hacer un trabajo en el sur en nombre de la Universidad, lo puede hacer en avión”.

 

Cruzan el río Colorado como 15 veces al año, lo hacen con estudiantes recién ingresados o avanzados, también de otras universidades, con profesores de la misma Casa de Estudios, pero también con algún especialista invitado cuando la ocasión lo requiere.

 

Hace ya unos años que aprovechan su juventud para practicar deportes “contra” los jóvenes patagónicos, hoy es una herramienta de integración fabulosa que encontraron, un resultado de esta idea se vio en el 2013, cuando fundaron un Club de Rugby en un rincón soñado de Santa Cruz.

 

Un club en un lugar que tiene sólo dos habitantes, un poco de locos. Esto son un poco ellos. Estudiantes con capacidades normales, con inquietudes espirituales simples, chicas y chicos comunes a quienes atrapa la Patagonia y la posibilidad de hacer algo para su país.

 

No son de la Patagonia pero “molestan” como si lo fueran.

 

Mario dos Santos Lopes

Puerto Deseado