RECUERDOS DE MALVINAS EN UNA CARTA MUY EMOTIVA

Nunca olvidé a Puerto Deseado

Hace apenas 33 años
Desde mi partida en 1985, no volví a caminar por aquel austero y querido pueblo. Pocas cartas cruce con las entrañables personas que allí conocí, y sin embargo, nunca olvide a Puerto Deseado; no ha pasado un solo mes en todos estos años en el cual no recordara algo de aquel lugar o de su gente, algo de aquellos años que atesoro en lo más profundo de mi alma.

Es que para un argentino el año de Malvinas significa mucho……no se olvida. En mi caso, en 1982 estando destinado en el RCTan 9, (mi primer destino a los 21 años), viví el entusiasmo y la decepción de aquella gesta con esa rara mezcla de alegrías y tristezas, con las que se tejieron los recuerdos más caros y profundos de mi vida. Hoy quiero y deseo hacer llegar mi agradecimiento a aquellos ciudadanos que con afecto y comprensión nos acompañaron en esos difíciles momentos. Después de tantos años necesito hacerles llegar este agradecimiento que en alguna medida quedo pendiente.

La guerra trajo un explosivo e instantáneo entusiasmo patriótico; también sufrimientos; ausencias permanentes; héroes inolvidables; (entre ellos mi amigo el sapo Silva); conductas que nos dieron mucha tristeza y también la derrota, ese manto oscuro que llegó junto a la culpa de no haber podido ofrecer una victoria a nuestros compatriotas. Imagínense como pude sentirme en aquellos días luego de haber recibido tanto apoyo y afecto de la gente de Deseado.

Recuerdo los chocolates organizados por numerosos voluntarios para llevarles algo de alegría y afecto a nuestros soldados; recuerdo la generosidad de las familias que nos recibían en sus casas sin preguntar cuantos éramos para compartir un mate o una comida sabiendo que nos reconfortaba el poder reencontrarnos con el ambiente familiar que extrañábamos. ¡Como no recordar a dos entrañables amigas que donaban parte de su tiempo libre para enseñar a leer y escribir a algunos de nuestros soldados!

Y luego, pasada la guerra, transcurrió el tiempo sin que me diera cuenta, yo cumplí tres años en el destino siendo destinado a Azul, provincia de Buenos Aires, y aunque en el último viaje a Comodoro Rivadavia no podía hablar a causa del nudo que tenía en la garganta, partí como si se tratara del corto viaje de una licencia anual, sin dar todas las gracias y los abrazos sentidos que tantos merecían.

Entonces, reparando la mala prisa de aquel momento, digo hoy:

¡Gracias pueblo deseadense!

¡Gracias a todas las familias y personas amigas de aquellos tiempos!

Uno de estos días voy a llegar a esa tierra austral tan querida para retomar la rueda de mates.

Fabián Sotelo

Cap. (RE)

fsotelo@ismargentina.com

PD: un especial recuerdo a la amistad que me brindo la familia Alegre, Perez, Pichinini, Martinez y a María Teresa Didevenuto, una especie de madre adoptiva.