NORA BABRUSKIS: REFLEXION SOBRE LA PATRIA Y EL 25 DE MAYO

QUE SIGNIFICA EL 25 DE MAYO PARA MI?
Cuando era pequeña vivía en una localidad  del Gran Buenos Aires a una cuadra de la Plaza “25 de Mayo”. Como era lógico la celebración de semejante acontecimiento se hacía indefectiblemente en esta Plaza. Nosotros estábamos tan cerca, que subiendo a la terraza teníamos un palco de honor.
Pero no quedaba allí la cosa. Nuestra escuela, la N° 8, estaba a una cuadra, por lo cual era la invitada de honor de la fiesta, el desfile y todas las actividades que allí se hacían (desde entregar a los presentes empanadas, pastelitos o las famosas carreras de sortija)
Era realmente una fiesta. Los niños nos preparábamos un mes antes para el desfile para lo cual había un exhaustivo ensaño cotidiano en la escuela y el ensayo general unos días antes en la plaza.
Todos teníamos nuestros mejores zapatos bien lustrados, los moños y guardapolvos bien planchados y la sonrisa más amplia en la cara.
Era un día de fiesta! Un día de alegría y un poco de nervios para no equivocarse en el paso del desfile.
Uno sentía un honor infinito desfilando porque estaba representando a   la patria. Ese sentimiento quedó tan dentro de mí, tan arraigado, tan pegado que después de grande y en épocas no tan afortunadas, dolía ver que ese sentimiento no se pudiera desplegar a los 4 puntos cardinales, tal lo que nos hacían sentir de chicos.
Ese mismo sentimiento volvió a volar y rondar sobre la patria en el bicentenario, donde otra vez nos encontramos con las alas desplegadas, cantando el himno en la plaza de cualquier pueblo Argentino, o en un balcón o al costado de la cama. No creo que hayan sido muchos los argentinos que esa noche no cantaron el himno, con el mismo fervor, emoción y respeto de cuando éramos chicos.
Y es eso nomás. La Patria no es un gobierno, ni una situación, por más difícil que sea. No es un partido político o un grupo desenfrenado (sea del lado que venga). No es un acto, no es una religión y ni siquiera es una catástrofe. La Patria es un sentimiento. Un sentimiento intachable, innegable y representativo.
Sentir la Patria como nuestra esencia, como nuestro lugar empírico de pertenencia no tiene contexto partidario, ni social ni religioso. Está por encima de todo eso. Sentir la Patria no es despotricar contra un gobierno. Por más malo que sea, pasa. Como pasan los días, como pasamos nosotros y la historia.
Pero la Patria queda. Queda parada siempre. Mirando al horizonte. Puede estar vestida de harapos o de joyas, pero siempre está. Firme y erguida para que la podamos mirar desde abajo, como miramos a nuestra madre cuando somos pequeños.
Cuando recuperemos ese sentimiento de pertenencia, de respeto, de solidaridad hacia en pensamiento del otro; de trabajo, para dignificarla y dignificarnos. Cuando inculquemos estos sentimientos en nuestros niños, para que los mantengan de adultos,  la Patria dejará de ser un vocablo mal usado y falto de sentido, para convertirse en la base fundamental de nuestras vidas. La Patria siempre está presente y siempre será más importante que los problemas personales, porque si nos pensamos todos como parte de la Patria, encontraremos los caminos para ir solucionando los problemas que existen y surjan.
                                    NORA LILIAN BABRUSKIS