LA ESTACION SIN RICARDO/ Nota de Alex Vallega

 
Volví a la Estación por primera vez después que Ricardo Vázquez nos dejara huérfanos y un poco solos en el andén de Puerto Deseado. Nos dejó para alcanzar a los “otros”, a sus eternos amigos ferroviarios en el “cielo” donde los trenes todavía andan sin que nadie se le ocurra clausurarlos. 
 
Eran doce años que lo conocía, decenas de veces me acerqué para charlar y siempre tenía él alguna cosa para acotar sobre los trenes y de la vida de su pueblo, aunque su verdadera pasión era el TREN del ramal Puerto Deseado - Las Heras. 
 
Por años lo vi en su silla de ruedas, se sentaba siempre en la punta de la mesa con su perra fiel al costado, conversando con los integrantes y amigos de la Asociación XX de Septiembre. Un rito que se repetía todos los días de la semana como también los infaltables viernes en la Cueva y después, volvía a su casa con su silla azul motorizada. 
 
No lo conocí de joven y no puedo de hablar de antes, así que recordaré lo que vi desde el 2003 hasta hoy y aunque no siempre estaba de buen humor o fuera un gran optimista, debo decir que siempre estuvo al pie del “cañón” con todo y todos. Su discapacidad no le impidió ser presidente activo de la Asociación, en sus doce años de gestión en la Fundación de Asociación XX de Septiembre impulsó un Congreso de Trenes en Puerto Deseado en el 2004 con 50 y más ferroviarios de la Patagonia, continuamente recibía delegaciones de todos los colores: colegio locales, universidades vecinas, pero también fue anfitrión de colegios y univesidades que venían de lejos, como el Colegio de la Providencia en 7 ocasiones, el Colegio San Pablo y era un consultor permanente del Centros de Estudios y Extensión Patagónica de la UCA de Buenos Aires. El año pasado dio una exquisita charla a un nutrido e interesado grupo de estudiantes de la Universidad de Pepperdine de Estados Unidos. 
 
Durante su gestión se impulsó el Museo, La Cueva,  varios proyectos de restauración del ramal, la aparición de la zorrita con el Director de ferrocarriles Mario Martínez y estudiantes del Programa Patagónico que junto al retorno de las vías frente a la Estación fueron su gran logro. Todo giraba en torno a él, sin piernas y sin brazos para mover, pero sí lo concretaba todo con su cabeza y su voluntad, fue una autoridad que se hacía realmente cargo de las cosas. Por cierto que Ricardo fue diferente, fue alguien que hizo honor a su “título nobiliario” de ferroviario, hizo siempre un doble esfuerzo, con sí mismo y con un tren que habían clausurado un 15 de enero de 37 años atrás, un mes “maldito” para el FF.CC de Puerto Deseado. 
 
Años atrás Ricardo como en muchas ocasiones fue entrevistado por canales de televisión. En el 2007 preparando un “corto” para el Centenario (1909-2009) participó de un documental-ficción “6 Locos en Busca del Tren” donde él era uno de los “6” junto con Pedro Urbano, Edmundo Jara, Vila, Marcos Arias y el “histriónico” Diulio De Ferrari. Una historia que cuenta esa resistencia silenciosa de 25 años que supieron hacer en la “noche ferroviaria” (1978-2003), hasta que en el 2003 recuperaran el emblema de la ciudad, “La Estación”.
 
Ricardo fue un estudioso de la historia, se informaba continuamente, reflexionaba sobre el País y sobre nuestras contradicciones, no se conformaba con el primer informe o dato, “buceaba” y no caía en la dialéctica cotidiana o la ideología de uno u otro lado. La historia oficial no le conformaba, es por eso que siempre tenía un plus, las veces que me encontraba con él tenía yo este placer, su alma inquieta. Tenía fascinación por Ezequiel Ramos Mexía y en el 2005 le hizo un homenaje invitando al profesor universitario Mauro Segret con quién tuvo luego una profunda relación epistolar. 
 
En las muchas iniciativas que se emprendieron en su presencia durante tantos años en la Asociación XX de Septiembre comentaba yo su actitud de poner “un freno” a las posibles actividades, tal vez “paños fríos”, aunque hoy lo llamaría “la virtud de la prudencia”. La virtud por excelencia de los políticos, es la que él llevaba a cabo en el “pequeño gran mundo” del Ferrocarril Puerto Deseado – Nahuel Huapi.
 
Su ausencia nos dejó una enseñanza: la constancia y la perseverancia del trabajo, no bajar los brazos aun cuando no se tenga la fuerza para levantarlos. También dejó un desafío en su ausencia: el seguir juntándose alrededor de esa mesa y de esa “Cueva”. Un legado más, producto de su convicción y de su creencia religiosa católica, como la cruz que cargaba todos los días, como le enseñó la muerte de su Señor de su fe cristiana. 
 
El ramal estaba solo “clausurado” decía, se trataba de mantener la fe y con un “paso a paso” devolverle al pueblo de Puerto Deseado, ferroviario o no, la dignidad, el cumplió su parte. Gracias Ricardo.
 
Alex H. Vallega
Centros de Estudios 
y Extensión Patagónico (CEEP)