FUNDACION CONOCIENDO NUESTRA CASA/ TRAVESIA AL LAGO EPUYEN

 
El grupo de monitores de la Fundación Conociendo Nuestra Casa participó días atrás del IV Encuentro Náutico organizado por la Fundación Náutica de la Comarca Andina Viento y Agua, en Epuyén, provincia de Chubut. La delegación, integrada por 32 personas entre niños y adolescentes de entre 10 y 17 años, más la compañía de padres, colaboradores y ex monitores, no sólo fue la más numerosa del encuentro, sino la que llevó al agua a los participantes más jóvenes.
Participaron además de los representantes locales, delegaciones de Bariloche, Junín de los Andes, Comodoro Rivadavia y miembros de la Escuela Municipal de Kayak de Plottier (Neuquén). Si bien en cuanto a embarcaciones la presencia mayoritaria fue de kayaks también participaron veleros y practicantes de stand up; se trata de una disciplina que ha tenido un gran impulso durante este verano, en la que se utiliza una tabla similar a las de windsurf pero más anchas, y los tripulantes se desplazan parados y con ayuda de un remo.
 
Carnota
“Es la segunda vez que participamos de este evento. Nos gusta acompañar porque está organizado por una fundación muy similar a la nuestra, en cuanto a priorizar la conservación y conocimiento del lugar en el que vivimos”, expresó el profesor Eduardo Carnota, actual director de la Fundación Conociendo Nuestra Casa. “Para los monitores es un premio. En general los viajes que hacen son parte de su “trabajo”, porque visitamos otras ciudades para dar clases de kayak o para difundir los fundamentos de nuestro proyecto. En este caso nos dedicamos a disfrutar del contacto con la naturaleza mientras remamos con el marco de un paisaje hermoso y muy distinto al lugar donde los chicos desarrollan la actividad. Los chicos se comportaron estupendamente bien, y fue una viaje placentero tanto para ellos como para los adultos que acompañaron”, finalizó. 
 
Remando en un espejo
La travesía comenzó el sábado pasadas las once de la mañana de un día de condiciones inmejorables que se mantuvieron durante toda la jornada. Al igual que en ediciones anteriores, se zarpó del embarcadero ubicado en el predio del Servicio Provincial de Manejo del Fuego y se contó con embarcaciones de la organización y de Prefectura Naval.
El bote semirrígido de la Fundación, timoneado por el profesor Eduardo Carnota y acompañado por Cristian Oroz (ex monitor y actual colaborador), Julio Pantoja y Virginia Bain (quien con sólo ocho años fue la participante más pequeña) brindó apoyo logístico y anímico a los deportistas. Desde uno de los kayaks Adrián Lucero, acompañó y organizó a los remeros deseadenses a medida que avanzaba el recorrido, teniendo en cuenta edades, resistencia y experiencia de cada uno de los chicos. También Fernando Apesteguía, Miguel Aparicio y Adrián Famá integraron el grupo de remadores, disfrutando y colaborando para que la experiencia terminara siendo un grato recuerdo y un nuevo desafío superado. 
Durante seis horas los más de cuarenta kayaks bordearon un lago Epuyén totalmente calmo, que posibilitó disfrutar del paradisíaco paisaje. La transparencia de las aguas otorgaba una visibilidad increíble, pudiendo observar la continuación de las formaciones rocosas, troncos sumergidos e incluso algunas truchas arco iris. En distintos puntos del recorrido pudieron observarse también los efectos de los incendios forestales ocurridos años atrás, desastres ambientales que lamentablemente no han perdido vigencia, y que han afectado varios sectores de la región durante este verano. 
 
Descanso
Se realizaron dos paradas donde además de descansar y circular las renovadoras rondas de mate los chicos (y no tan chicos) aprovecharon para probar las tablas de stand up y nadar en el lago que para esa hora ya estaba templado. 
El campamento se organizó en el predio de la Junta Vecinal de Puerto Patriada, lugar en el que coincidió además el arribo de gran cantidad de corredores de un inusual triatlón, en el cual las competencias se desarrollaban de día y de noche. 
La noche del domingo todos los participantes compartieron un asado a la canasta, que cada año se caracteriza por su “no organización”; es decir, es el momento en el que espontáneamente surgen los infaltables asadores de cada grupo. 
La inusual temperatura de esa noche invitó a disfrutar de un cielo nocturno totalmente despejado, y luego de la improvisada clase de astronomía los monitores se retiraron a sus carpas a recuperar energía para el siguiente día de remada.
 
Cuenta regresiva
El lunes volvió a regalar un cielo despejado y un sol radiante, aunque el lago acusaba la presencia de una brisa que exigió un ritmo más intenso pero permitió a los chicos desplegar la resistencia y habilidad obtenidas en la corriente de la ría y los vientos santacruceños.
A las cinco de la tarde las embarcaciones llegaron al punto de inicio. Fotos con caras embargadas por la alegría y remos en alto, el último chapuzón, la bienvenida de uno de los padres que los esperó con tortas fritas, la emoción de Julio. Y a cargar los equipos para al otro día emprender el regreso.
Fueron muchos los comentarios de los chicos sobre la experiencia vivida, entre ellos Julio Pantoja, quien expresó que “es la primera vez que participo de un evento así. Hice una parte en el bote de la Fundación y después me di el gusto de remar durante el último trayecto. Fue muy emocionante llegar, había mucha gente esperándonos… Me gusta mucho venir porque además de remar disfruto de la compañía de los demás chicos”.
Durante la cena de despedida se realizó la entrega de menciones y varios sorteos. “Es el quinto año que organizamos este encuentro (el primero no está contabilizado porque recién se formalizó en el año 2012) y éste es el que más convocatoria ha tenido, así que estamos muy contentos porque lo que buscamos es generar un punto de reunión y de intercambio para quienes practicamos deportes náuticos”, expresó Nicolás Bustingorri, uno de los organizadores. 
Además de la mención a la delegación más numerosa Puerto Deseado se trajo el galardón a los que más viajaron para participar del encuentro. 
Y llegó el martes 24, momento de volver. El viaje de regreso fue tan conversado como el de ida, con las expectativas más que cumplidas los chicos no dejaron de intercambiar comentarios en los 1.100 km. recorridos. Una vez llegados, y pese al cansancio todos colaboraron en la organización y guardado de los kayaks, trajes, chalecos y demás equipos que en pocos días más volverían a utilizar, esta vez en aguas saladas, más correntosas, con un paisaje que nos regala otro tipo de geografía y la compañía del viento, pero igual de bello y desafiante.
 
Agradecimientos
Queremos agradecer, además de las personas ya mencionadas, a la Dirección de Deportes de la Municipalidad de Puerto Deseado, que aportó el transporte y sus conductores, Javier Páez y “Pachindo” Barriga, que además de su pericia al volante aportaron su excelente humor a lo largo de los más de dos mil kilómetros recorridos. 
Entre agradecimientos y anécdotas llegó el momento de expresar dos ausencias que acompañaron cada momento del viaje: Marcos Oliva Day y María Laura Gaona (Malala). Hicieron posible esta y otras experiencias inolvidables para los cientos de niños y jóvenes que han pasado por la Fundación desde hace más de treinta años. Tienen falta justificada en Epuyén, pero los esperamos en la próxima.