DIRECTOR DEL COLEGIO LA PROVIDENCIA RESPALDA EL PROGRAMA PATAGONICO

 

Estimado Alex y todos los que han formado parte del Programa Patagónico:
Comparto la tristeza por el cierre de este querido programa del que “ligué” algunos de sus frutos en la lejana e inmensa Patagonia, tierra en la que el Programa hizo huella, que allá en la Patagonia, tierra sin caminos, dejar huella no es cosa menor.
De la mano de Alex y recorriendo esas huellas conocí rieles que en un tiempo se perdían en el horizonte y que hoy se perdieron por la miopía de argentinos mediocres. Pero también conocí Ferroviarios (sí, con mayúscula), capaces de emocionarse hasta las lágrimas en relatos de travesías legendarias de eternas locomotoras.
Conocí lugares transformados por la mano diligente de alumnos de la Universidad, capaces de dar vida a un Faro perdido en la inmensidad de nuestras desoladas playas Santacruceñas, como el faro de Cabo Blanco.
Conocí almas arraigadas de corazones enormes, trasplantados un día desde las lejanas Europas, familias como los de Mendieta, capaces de matear como el más puro de los criollos, o personajes galensos cuya añoranza por su terruño agiganta su decisión de ser más argentinos que el costillar a las brasas, los que están, como Jorge Thomas ó los que ya se fueron como John Daniel Evans.
Me maravillé frente al Glaciar, escalé en El Chaltén, remé en Puerto Deseado, Cabalgué en Trevelin, reviví las andanzas de Magallanes y El Cano en Puerto San Julián, mientras en un viaje al pasado reciente veía despegar los Miragge que defendían nuestras queridas Malvinas, y despedía imaginariamente a aquellos pilotos que, cómo Pedro Ignacio Bean quedarían para siempre en el inmenso mar que Dios nos regaló.
En fin Alex, disfruté como muchos tu entrañable amor a la Patagonia. Siempre me pregunté cómo podía ser que de la inmensa cantidad de gente que conozco en nuestra querida Patagonia, el más patagónico de todos fuera un Romano medio loco, amante de la historia, de la geografía, pero fundamentalmente amante de la gente, preocupado por sus sufrimientos, por sus desafíos, por sus derrotas, y con un anhelo escondido y disimulado del cual soy testigo: que ellos conocieran la historia, la geografía, y fundamentalmente a Dios su hacedor.
Gracias Alex. Sólo queda rezar para que esta decisión sea revisada, o en su defecto el Programa Patagónico encuentre otra Institución capaz de seguir por la huella abierta en estos 20 años. Un abrazo y poné fecha para un gran asado para festejar esos 20 años de historia que no se perderán jamás.

Fernando Braconi