BALANCE DEL NOVENO CRUCE A NADO DE LA RIA DESEADO

Un grupo de deportistas muy bien entrenados volvieron a concretar el
siempre esperado "cruce de la ría Deseado". La ría, como se sabe, es
una entrada del océano Atlántico en el antiguo lecho del río Deseado
en una extensión de cuarenta y dos kilómetros cuadrados. Sus fuertes
corrientes requieren conocimiento y prudencia, lo que genera en el
público una mayor admiración por quienes concretan este desafío no
competitivo.
        El profesor Walter Zúñiga, integrante del equipo, reconoció que "cada
cruce tiene una cuota integradora y superadora, y este año fueron
veintiséis nadadores, ya que hubo dos menores que no pudieron hacerlo
por no contar con la autorización requerida". Los locales estuvieron
acompañados por gente de Pico Truncado, Caleta Olivia y Comodoro
Rivadavia.

        Clima ideal
        "El escenario se dio de la mejor manera", remarcó, teniendo en cuenta
que minutos antes del evento el cielo se encontraba cubierto, y pocos
minutos luego del final, tras la entrega de reconocimientos a los
participantes, se desató sobre la ciudad y sus alrededores una
prolongada lluvia torrencial, poco común en la zona.
        Admitió que en esta ocasión no sufrieron inconvenientes con los
vientos, las corrientes y las mareas "a pesar de que salimos un poco
más tarde porque tuvimos un pequeño inconveniente con un buque
mercante, y las aguas estaban calmas; llegamos a los lugares que se
habían predeterminado".

        Tiempos y distancias
        La primera etapa, hacia la ribera sur de la ría, demoró
aproximadamente doce minutos, y el regreso, hacia donde esperaban
varios centenares de personas, requirió poco más de veinte minutos.
Como es habitual, los que arribaron tempranamente esperaron con
aplausos y abrazos a quienes llegaron algo más rezagados. "Cada uno es
primero en lo que pudo realizar", sentenció.
        "Agradecemos a todos los vecinos, amigos y familiares porque no
dejaron de aplaudir desde el primero hasta el último que arribó a la
playa", insistió Zúñiga, detallando que "uno de los nadadores, Gustavo
Cepeda, tiene un reloj con un mapa que hace el recorrido, y este año
fueron 2100 metros entre la ida y la vuelta, mientras que el primer
cruce, que fue de un solo tramo, marcó casi 2000 metros".
        Mencionó, entre otras particularidades, el cruce de padres e hijos,
como el caso de la docente Yanina Robles con su hija Victoria, y
Alfredo Ibáñez con su hija Elina. La menor de las participantes,
Paula, tiene doce años y el mayor, José Railef, supera los cincuenta
años.